4 pasos para conectar con la infancia
- 1 ene 2022
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 5 jun 2022
He querido tener niños desde que yo misma era una niña. No como madre, no sabía muy bien lo que eso significaba, sino para estar rodeada y cuidarles. Siento que debo estar bajo un hechizo, porque ahora tengo 30 años y nada ha cambiado.
Trabajo en un colegio, estudié un máster de Psicología Infantil y Juvenil y escribo historias con niños como protagonistas. Lo único que me falta son mis hijos de carne y hueso. Aunque, debo decir, que maté a mi hijo. Se llama Tristán y murió el año pasado. Pero no nos adelantemos.
1. El pozo de la propia infancia

No sé de dónde viene mi obsesión. Puedo
adivinar que mi propia infancia me llevó a querer pertenecer a alguien, a conectar de una manera profunda y a largo plazo.
Tal vez esta necesidad me hizo pensar demasiado en las personas, en las relaciones, en cómo se forman los vínculos y se mantienen. Una parte de mí quizás fue a la universidad con ese deseo de conocimiento.
También supongo que tenía grandes expectativas sobre mi vida de adulta: escribir personajes profundos, grandes obras. Aunque seguramente con un deseo subyacente de crear mis vínculos con el otro: literalmente crear a los personajes con los que rodearía mi existencia, ya que no tenía a nadie en mi vida.
2. Calmando el pozo con conocimiento
Perseguí esta ficción sin salida conectando la psicología con el arte: continué en la universidad con un máster en estudios de Arte, Literatura y Cultura y el subsiguiente doctorado, porque ya que estaba allí… hasta que tuve claro que en aquel reducto no había escapatoria. El mundo quedaba detrás de la ventana, delante había los artículos obligatorios, las conferencias interminables, las clases por programar.
Además, y supongo que es bastante relevante, no había plazas disponibles en la universidad para cuando terminase. En este periodo fui de trabajo en trabajo, acumulando puntos en cultura, con niños, en deportes, en la propia universidad... hasta que decidí con mi pareja mudarnos a Reino Unido.
3. El colegio saliendo al encuentro
Aquí, entre otros trabajos y estudios, di mi tiempo a una guardería privada, y ahora a una escuela que cuenta con metodología Montessori y donde el amor y la creatividad están en el centro del aprendizaje.
Donde los alumnos de la guardería van 2 años por delante del currículo nacional, y el establecimiento tiene un sobresaliente en el informe de Ofstread (Reporte de la inspección por parte del gobierno de Reino Unido.)
En este colegio es donde mi visión de la infancia y la educación ha podido evolucionar, materializando todos los estudios realizados.

He visto un método que funciona.
Dónde prima que los niños se expresen
Aprendan por sí mismos
Tomen decisiones de las que puedan aprender.
El profesor se hace a un lado, da las herramientas, propone formas de utilizar los recursos y deja que los niños interactúen libremente con el espacio, los objetos y sus iguales.
También hay reglas fijas, hay actividades obligatorias, el profesor ordena y manda. La guardería es un entorno seguro, con límites, en el que incluso los niños avisan cuando alguien los incumple.
Cuando termina el año salen transformados.
Son educados
Amables
Tranquilos
Reflexivos.
Hay espacio para que los niños más desfavorecidos y los de altas capacidades puedan seguir su ritmo de aprendizaje. Se premia el trabajo en equipo frente a la competición.
Tienen 3 y 4 años pero no se les puede engañar. Pensarán en lo que les has dicho y dirán que no está bien y te darán razones. Son muy listos.
Y aquí viene un ejemplo entre muchos otros. En este período conocí a una niña joven y brillante.
Estábamos en el patio (por cierto, muy grande), era otoño e iba descalza:
―Tienes que ponerte los zapatos ―le dije.
―No, no los tengo.
―¿Pero te acuerdas que la semana pasada te enfermaste y no viniste?
―Sí, me enfermé, pero no fue por eso que no vine.
Pensé en su respuesta y tenía razón. Ella sólo venía dos días a la semana. Así que aunque estuviera enferma, no le tocaba venir.
Esta ha sido mi escuela para madres. Secretamente trato de prepararme lo más posible para cuando tenga hijos.
Otra forma de prepararme para tener hijos es
estudiar un máster en Psicología Infantil y Juvenil. Se trata de unos estudios que me dan pistas sobre cómo ayudar a los niños, y cómo ayudar a vertebrar mi escritura.
Lo mismo ocurre con la escuela. Me proporciona situaciones cotidianas en las que los niños tienen que enfrentarse a temas como las amistades, los contrastes entre el colegio y su casa o simplemente me da ideas sobre cómo hablan, cómo se expresan. Qué es importante para ellos, qué es divertido en su mundo...
Por ejemplo, era la hora de comer y estábamos todos sentados a la mesa. A mi lado se sienta un creativo de 3 años y me dice:
―Tengo un mono en la cabeza
―¿Ahora mismo? ―respondo automáticamente.
―Sí.
¿Y qué está haciendo? ―sentía curiosidad.
―¡Está boca abajo pero es invisible!
―¡Ya veo!
O: un niño estaba jugando a que era el dueño de una tienda y empezó:
―¡La tienda está cerrada! ―grita a quien quiera escuchar. No importaba de qué era el establecimiento, pero una cosa estaba clara, me acerqué y le dije:
―Pero tienes que abrirla para ganar dinero. ―Él reaccionó instantáneamente:
―¡AQUÍ HAY DINERO! ―coge hojas del suelo y me las lanza gritando― ¡Ahí lo tienes!
Y por último: en la sala de arte dos niñas estaban sentadas dibujando. Una le pregunta a la otra:
―¿Qué estás dibujando?
―Es mi mami ―dice la otra.
―¡Pero no se parece a tu mami!
―¡Ya lo sé!
―Parece un elefante ―continúa la primera.
―!Ya lo sé! Es porque papá me ha traído a la guardería tan temprano esta mañana que no he visto a mi mami desde hace mucho tiempo. ¡Así que no recuerdo su cara!
Tengo un cuaderno donde escribo todos los momentos divertidos que ocurren en el colegio, pero creo que ha llegado el momento de introducir el punto 4.

4. Escribir como si fueras un niño
Después de
Indagar en la propia infancia, recogiendo recuerdos
Estudiar psicología y arte y literatura y salir del país
Trabajar en un colegio y estudiar psicología infantil
llega el momento de plasmarlo todo:

A través de este post recopilo la búsqueda de sentido que realizo de mis experiencias y elecciones vitales. Y en el intento, voy creando cuentos para que los niños (de todas las edades) se comprendan mejor a sí mismos.



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