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Tenemos que hablar de dolores

  • 5 jun 2022
  • 2 Min. de lectura

Una joven se cae de bruces en un convento.


Las monjas la acogen, la llaman Dolores.


Los recuerdos la alcanzan: moteles, corazones rojos de neón, discotecas abandonadas.


Y un bebé dentro de ella.



Tenemos que hablar sobre Dolores, porque

la estructura se hace cargo del relato y

la voz poética detalla la atmósfera. Estas

dos

conjugaciones

crean el texto

y están muy por encima de la trama.


De hecho, la línea argumental a veces flaquea y se ven los cosidos, pero no nos importan los márgenes

en las imágenes descritas. Ni tampoco los diálogos, inexistentes.

El relato, no los necesita.



Dolores es el primer capítulo. En una página nos resume el libro

—deja la obra destripada, no es lo importante—

Sirve como reclamo para seguir leyendo.


El resto del libro se divide en 8 meses.


En cada mes hay dos pequeñas escenas.

Dos gifts


El primer gift nos coloca en la llegada de Dolores al convento español.

Si ordenásemos linealmente la historia, estaríamos en el 60%.


El segundo gift son los recuerdos desencadenados de Dolores. Comienzan donde ella cree que comenzó todo. Con su iniciación sexual en casa, en Sudamérica.


De aquí en adelante esta será la estructura.

Dos momentos por mes: linealidad del presente y recuerdo de Sudamérica.

Los dos mundos colidan, contraponiéndose.

Sudamérica-España, sexo-santidad.


Hay dos momentos clave de ruptura del mundo, provocado por hombres:

Sudamérica: abandono del no-novio y embarazo. Huida del país.

España: el arzobispo, la montaña prohibida, el sexo.


El espacio del convento

—su silencio y sus normas—

permite que la protagonista piense sobre su historia.


Estas paredes retienen la culpa, la tristeza. Dolores.

Es su nombre el que permite que se quede.

Pero entonces viene el parto. El bebé.

Las monjas lo aceptan al nombrarlo.


Es también el Nacimiento de la protagonista. ¿Se quedará con ese apodo en el convento

—doliente—

o saldrá al mundo llevando su nombre del carné de identidad?


Dolores deberá decidir si es agente activo en esta rescritura del comienzo

o una mera repetición de su sino.


La solución no es la lujuria, la castidad

o el castigo.


La solución es la vida.






*Una contraposición: ¿Si el numero 3 es tan importante en la religión, por qué este libro parece un 2?

 
 
 

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